Al abrirse la fase del Consejo de Seguridad, la candidatura del Presidente Macky Sall plantea una pregunta simple: ¿cómo se convierte la legitimidad en influencia? Único candidato africano declarado para suceder a António Guterres, porta la voz de un continente que hoy acoge el mayor número de operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, y que no ejerce la Secretaría General desde Kofi Annan, entre 1997 y 2006.
La legitimidad se apoya ante todo en los hechos. África reúne cincuenta y cuatro Estados miembros, más de un cuarto de la Asamblea General, y es el escenario donde se desarrollan la mayoría de los mandatos de paz y seguridad. Una candidatura africana con experiencia responde a esa realidad: no un turno rotativo, sino la adecuación entre el perfil del candidato y los desafíos de la Organización.
A esa legitimidad, la experiencia da su base: doce años al frente de Senegal, la presidencia de la Unión Africana en 2022, la voz del continente en las crisis alimentaria, sanitaria y energética. Es esta práctica de la negociación multilateral la que sustenta la visión del candidato: una ONU inclusiva, imparcial y orientada a la acción, atenta a cada Estado miembro, grande o pequeño.
Pero la legitimidad solo se convierte en influencia en el Consejo de Seguridad. Sus quince miembros celebran, en la última semana de julio, sus primeras votaciones indicativas, con las que miden el apoyo de cada candidatura antes de la recomendación a la Asamblea General. El apoyo oficial de Senegal, anunciado el 20 de julio, da a la candidatura su base nacional: el Gobierno y toda la red diplomática senegalesa llevan el mensaje a las capitales y a Nueva York.
Se han presentado seis candidaturas hasta la fecha. La semana que viene dirá si la legitimidad continental se traduce en apoyos en el Consejo. La carrera sigue abierta, y no se perfila un favorito claro.
África en el corazón, el mundo en la mira.
Más información: www.mackysall.net