Los mausoleos de Tombuctú fueron derribados a golpe de pico en 2012, ante los ojos de los habitantes que los cuidaban de padre a hijo. La ciudad había guardado esas tumbas de tierra cruda durante siglos, y esa memoria era lo que buscaban los picos. El Presidente Macky Sall sitúa la protección del patrimonio cultural entre los deberes de la seguridad colectiva, y hace de ella uno de los compromisos de su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas.

Un objetivo de guerra. La destrucción de monumentos se ha convertido en un arma por derecho propio. Borrar un lugar de culto o un manuscrito antiguo busca romper el vínculo de una comunidad con su pasado y hacer imposible el retorno. Los tribunales internacionales han reconocido esas destrucciones como crímenes de guerra.

Un derecho que existe. La Convención de La Haya de 1954 protege los bienes culturales en caso de conflicto armado, y la Convención de 1972 creó la Lista del Patrimonio Mundial. Los textos están ahí; su respeto depende de la voluntad de los beligerantes y de la vigilancia de quienes los observan.

La memoria, cemento de la reconciliación. Reconstruir un monumento destruido repara más que un edificio. Devuelve a una población una parte de sí misma y ofrece un terreno común a comunidades que la guerra ha separado. En Tombuctú, fueron los albañiles de la ciudad quienes levantaron de nuevo los mausoleos, con la tierra y los gestos que les habían transmitido sus mayores.

Lo que puede impulsar la Secretaría. La custodia de los sitios corresponde a los Estados y a los cascos azules desplegados en sus alrededores. Desde Nueva York, un Secretario General apoya a la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, propone al Consejo de Seguridad mandatos de paz que incluyan la protección del patrimonio y exige a las partes en conflicto que respeten lo que los pueblos han construido a lo largo de los siglos. Macky Sall quiere que cada misión de paz cuente, entre sus tareas escritas, con la vigilancia de los sitios inscritos que se encuentren en su zona, y hace de esa petición parte de su candidatura.

Una experiencia de la negociación multilateral. Doce años al frente de un Estado y la presidencia de la Unión Africana en 2022 fundan estos compromisos. Esa experiencia explica por qué la visión presentada ante las Naciones Unidas formula sus propuestas como obligaciones: una paz, una seguridad y un desarrollo pensados juntos; un multilateralismo renovado; una gobernanza de la Organización reforzada.

África en el corazón, el mundo en la mira.

La Convención de La Haya de 1954 y la Convención del Patrimonio Mundial de 1972 son públicas. Consulte todas las tomas de posición en www.mackysall.net